La construcción de una mirada: Las Thypoch Simera-C en rodajes de ficción y no ficción
Entrevista a Irene Cruz AEC
Irene Cruz AEC es directora de fotografía y desarrolla su trabajo entre ficción, documentales, fashion films y video arte. Su mirada combina una fuerte sensibilidad visual con una atención muy precisa a la textura, la luz y la construcción emocional de la imagen. A lo largo de su trayectoria ha trabajado como DoP en cortometrajes, largometrajes y series documentales, con proyectos como Planet Sex with Cara Delevingne para BBC y Hulu, Diana, Thriller protagonizado por Ana Rujas bajo la dirección de Alejo Moreno, Mago de Tirso Calero o Janine zieht aufs Land (Jan Eilhardt) que se presentó en la pasada 75ª Berlinale consolidando un perfil versátil que se mueve con naturalidad entre lo íntimo, lo narrativo y lo artístico.
Irene entiende la dirección de fotografía no solo como un trabajo técnico, sino como una forma de pensamiento visual ligada a la emoción, al ritmo y al argumento. En esta entrevista hablamos con ella sobre su experiencia trabajando con las lentes Thypoch Simera-C en Sony FX3 y Sony FX6, tanto en Atme Mich, cortometraje dirigido por Ricky Roffley y protagonizado por Viktoria Brigitta Serg, cuya primera versión se presentó en el Microsalón AEC (diciembre 2025), como en el ámbito documental, donde Irene las ha utilizado de forma continuada entre noviembre de 2025 y marzo de 2026.
¿Cómo definirías tu aproximación estética y narrativa a la imagen?
Mi aproximación a la imagen nace de una relación muy intuitiva con la luz, anterior incluso a mi trabajo en cine, primero desde la fotografía y después a través del videoarte. Siempre me ha interesado pensar la luz como una materia emocional, no solo técnica: cómo atraviesa un espacio, cómo esculpe un cuerpo o cómo puede traducir un estado interior.
Con el tiempo, y ya dentro del lenguaje cinematográfico, esa intuición fue tomando una forma más estructurada, consciente y narrativa. Hoy concibo la dirección de fotografía como una herramienta expresiva al servicio del relato, donde cada decisión visual debe responder al universo de la obra, al arco emocional de los personajes y al tono específico de cada proyecto, ya sea en formatos íntimos o más experimentales o en producciones de mayor escala.
¿Qué elementos emocionales o conceptuales suelen guiar tu mirada durante un proyecto?
Cada proyecto y cada director abren para mí un lenguaje distinto, así que intento acerarme a cada uno como una nueva aventura. Por eso, para mí, el trabajo de construcción en preproducción con el resto del equipo es fundamental: es ahí donde empiezan a definirse el tono, la atmosfera y la forma en que la imagen va a dialogar con la historia.
Intento que la propuesta visual no se imponga sobre la historia que quiere contar, lo que está atravesando el personaje o sobre la realidad que tenemos delante , sino que nazca de ahí. Me interesa construir la imagen desde la experiencia humana, el contexto y la vulnerabilidad, buscando una forma visual que no maquille artificialmente lo real, sino que lo acompañe y lo potencie. También me influyen mucho mi formación en fotografía, que me dio una conciencia muy precisa del encuadre y la composición, y mi paso por el videoarte, que me dio libertad para dejar espacio a lo sensorial , lo conceptual, lo inesperado y a todo aquello que no necesita explicarse del todo.
¿Cómo dialogas con dirección y arte para construir la atmosfera visual?
Para mí, la atmósfera visual siempre nace del diálogo. Me gusta trabajar muy de cerca con dirección y diseño de producción para entender qué necesita realmente la historia, cuáles son sus referencias, cuál es su pulso emocional y qué tipo de presencia debe tener la imagen. A partir de ahí, el trabajo con arte es fundamental, siempre digo que “la cámara va a captar lo que se ve”, y la atmósfera no se construye solo con luz, sino también con el espacio, la textura, el color y la relación entre los cuerpos y el entorno.
Especialmente en los proyectos narrativos disfruto mucho de los procesos de preproducción largos, con mucha comunicación y preparación junto a otros profesionales, porque ahí es donde se afina de verdad un universo visual compartido. Incluso en publicidad, donde todo suele ser más rápido, intento mantener esa cercanía con dirección, arte y el resto de jefes de equipo para que la propuesta visual tenga coherencia y personalidad.
¿Qué buscas en un objetivo cuando empiezas un proyecto? ¿Cómo influyen las características ópticas en el tono emocional que quieres construir?
Cuando tengo claro qué quiero contar y cómo quiero contarlo, empiezo a buscar los sets que mejor pueden lograr ese lenguaje visual. Para mí es fundamental que la óptica dialogue con el tono de la historia, con los personajes, con los espacios y con la atmósfera que queremos construir. A partir de ahí me fijo en el tipo de nitidez, el contraste, cómo trata la piel, cómo responde en distintas condiciones de luz y también en su temperatura o carácter. [M2.1][IC2.2]En las Simera-C encontré eso: tienen definición, pero con un punto de suavidad muy orgánico, sobre todo en pieles, y eso me interesaba mucho en los dos proyectos en los que he trabajado con ellas. [M3.1][Ui3.2]
Siempre que puedo también hago LUTS y pruebas de etalonaje para que en todo momento se pueda ver el resultado final lo más perfilado posible dentro del rodaje.
Otra cuestión importante es saber si voy a trabajar las lentes con filtros para buscar ciertos efectos concretos, porque eso también condiciona mucho la elección desde el inicio. Al final, todo eso forma parte de una misma decisión expresiva: encontrar la combinación óptica que mejor acompañe.
Has comentado en varias ocasiones que no te casas con ningún equipo concreto, que prefieres adaptar tus herramientas a cada proyecto. Pero cuando te enfrentas a un nuevo rodaje, ¿hay algún equipo o configuración que inevitablemente te viene a la cabeza como punto de partida? ¿Ese “mínimo imprescindible” que te da seguridad o afinidad estética?
No suelo partir de una idea preconcebida de lentes o de configuración, porque antes de elegirlas necesito entender qué pide realmente el proyecto. Para mí lo primero es ver qué lenguaje visual se desea construir: si el rodaje va a necesitar zooms, teles, angulares, qué tipo de planos van a predominar, cómo son los espacios y también qué tipo de textura buscamos en la imagen, si algo más cálido, más frío, más limpio o con más carácter.
Es verdad que ya conozco muchos sets de lentes, pero aun así me sigue encantando ir a los rental a hacer pruebas. Siempre que hay una óptica que no conozco bien, pregunto mucho a los profesionales de allí, cómo la ven ellos, cuáles son las particularidades y cómo se comportan.
Una vez estudio el proyecto, voy acotando las opciones, pero para mí hacer pruebas de lentes sigue siendo fundamental.
¿Qué efectos o comportamientos ópticos consideras más interesantes de las Thypoch Simera-C? Teniendo en cuenta que ya has trabajado con ellas en varias ocasiones y cómo fue que los conociste y qué fue lo que te llamó particularmente la atención.
Lo que más me sorprendió de las Thypoch Simera-C fue comprobar que, pese a su formato tan compacto, ofrecen un comportamiento óptico muy sólido y con bastante personalidad. Tienen una manera muy interesante de preservar la textura, de reproducir la piel con suavidad y de generar un desenfoque muy agradable cuando las trabajas abiertas. A eso se suma que todo el set es T1.5, algo especialmente útil en situaciones de baja luz o cuando buscas una imagen más íntima y con poca profundidad de campo, sin caer en una dureza excesiva ni en una imagen demasiado clínica.
También me parece muy acertada la selección de focales del set. Está bien equilibrada para cubrir una gama de necesidades bastante amplia, y especialmente en los angulares el rendimiento me parece muy elegante: corrigen bien, no resultan agresivos y permiten representar el espacio con naturalidad, sin deformaciones molestas. En conjunto, es un set que combina muy bien agilidad, luminosidad y un look cuidado.
¿Cómo planteas el proceso de pruebas de cámara y lentes, y qué criterios, tanto técnicos como narrativos, te ayudan a elegir una óptica para un proyecto concreto? En ese sentido, ¿qué te aportaron las Thypoch Simera-C?
En Yo Acuso (largometraje documental), hemos rodado en nieve, viento y bosques muy cerrados, en un contexto físicamente bastante complejo. En ese tipo de rodaje, tener un equipo ligero, sin renunciar a una buena calidad de imagen, ha sido clave. Además, también hemos trabajado con la cámara en gimbal, slider y otros soportes en los que el peso influye directamente en la agilidad y en la operatividad.
Por eso, para mí la elección de cámara y lentes siempre parte de entender bien qué necesita el proyecto. Primero intento ver qué pide la narrativa: qué focales tienen sentido, qué tipo de planos vamos a construir, cómo son los espacios y desde qué distancia o cercanía queremos mirar a los personajes. En documental, además, esa decisión no es solo estética, también está muy ligada a lo práctico: la capacidad de reacción, la movilidad y la resistencia del equipo durante jornadas largas acaban formando parte del propio lenguaje visual.
Las pruebas son fundamentales precisamente por eso. No solo busco un look, también necesito comprobar cómo se comporta el equipo en la práctica. En el caso de las Thypoch Simera-C, me interesó mucho esa combinación entre ligereza, compacidad y una imagen con carácter.
¿Hay alguna experiencia concreta, ya sea en términos de movimiento, luz o atmósfera, en la que estos objetivos hayan sido especialmente determinantes dentro de la propuesta estética del proyecto?
Sí, por ejemplo en Atme Mich eso se percibió con bastante claridad. Era una pieza que pedía una imagen muy sensorial, muy cercana al cuerpo y a la emoción, donde el movimiento, el foco y el desenfoque tenían un papel importante a la hora de generar tensión y sostener el estado interno del personaje. En ese contexto, las lentes encajaron muy bien con el lenguaje visual que buscábamos construir.
Además, trabajamos con bastante cámara en mano, en una relación muy próxima con la actriz, y ahí el peso y el tamaño de las lentes fueron una ventaja real. Necesitábamos una configuración ligera que nos permitiera movernos con libertad, acompañar su energía, seguir sus variaciones emocionales y mantener una cierta fisicidad en la imagen sin perder precisión. Esa combinación entre compacidad y carácter fue especialmente valiosa en este proyecto.
Desde tu experiencia como directora de fotografía, ¿qué te aportan hoy unas lentes como las Thypoch Simera-C, tanto a nivel visual como práctico? ¿Crees que un set así puede hacer el trabajo más versátil, accesible y rentable?
Hoy en día, para mí, contar con un set de lentes propio me parece muy útil. En cuanto empiezas a trabajar de forma continuada, es algo que puedes ir incorporando a tus presupuestos, rentabilizar y poner al servicio de la producción, en lugar de depender siempre del alquiler. Eso te da bastante autonomía, sobre todo en proyectos de menor escala o en trabajos documentales largos, donde poder aportar tu propio equipo también hace más ágil la producción y te permite recuperar, de alguna manera, esa inversión.
Además, para proyectos personales me parece fundamental. Yo sigo haciendo piezas de videoarte, grabando de manera independiente, por ejemplo, cuando genero contenido para redes, así que tener un set propio también me da libertad para seguir creando sin tener que pasar cada vez por un rental. En ese sentido, las Thypoch Simera-C me han parecido especialmente polivalentes: cubren desde focales muy angulares 21 mm hasta un 75 mm, que ya permite una relación mucho más cerrada con el sujeto, y eso da muchísimas posibilidades.
También destacaría la luminosidad del set, que al ser T1.5 resulta muy útil cuando hay poca luz en el entorno documental o cuando buscas una profundidad de campo más marcada. Y, sinceramente, a nivel óptico y en relación calidad-precio, es de lo mejor que he tenido en las manos. Me parecen unas lentes muy bien resueltas, con mucha utilidad real en rodaje, y creo que merece muchísimo la pena probarlas. ¡Son top!









